Periodismo de filtración, el periódico como tablero de juego del poder

La decadencia del periodismo de investigación en la prensa española: sobre como la actualidad se ha convertido en un vasto terreno vedado en el que solo se puede pasar de puntillas

Decía Gabriel García Márquez que “la investigación, como sinónimo de verificación, confrontación y profundización, es intrínseca al ejercicio del periodismo”. En épocas turbulentas, el periodismo de investigación es un freno natural a la emergencia de radicalismos y populismos. Sin embargo, desde mediados de 2014, la corrupción y el fraude representan el segundo problema más importante del país –solo aventajado por el paro y, en algunos momentos puntuales, por la independencia de Cataluña– según el barómetro del CIS (2018), y es que esta etapa de inestabilidad ha coincidido con la debilidad de la prensa española. 

El periodismo de investigación, de tradición estadounidense, no ha llegado a consolidarse nunca en España, aunque existen casos aislados de periodistas que lo ejercen. David Jiménez, exdirector de El Mundo, es rotundo en su afirmación: “En España no existe el periodismo de investigación, sino una inercia hacia un periodismo de filtración partidista y sesgado ideológicamente”. David relata que en su época como director de El Mundo, el informante de turno fue Jorge Fernández, exministro del Interior, de cuyas confidencias acabó prescindiendo durante su año en el despacho. “Los motivos para filtrar una información –explica el periodista de investigación del ABC Javier Chicote– son principalmente dos: el beneficio personal, que incluye la venganza, y el cargo de conciencia, y el más habitual es el primero”. De ahí que filtraciones no contrastadas inunden los titulares de la prensa diaria.

Javier Chicote,
periodista de investigación

Javier Chicote transitó las redacciones de El Mundo, Interviú, Público y El Confidencial antes de establecerse en el ABC, lo que le otorga una visión amplia del panorama periodístico. Además, es uno de los miembros fundadores de la Asociación de Periodistas de Investigación (API). El caso Gürtel, la caja B, la tesis doctoral de Pedro Sánchez o el desvío de fondos de la Fundación Leo Messi son solo algunos de los casos en los que ha participado, si no liderado, con su labor investigativa, a pesar de ser el único periodista en el ABC que se dedica a la investigación a día de hoy. “Si la filtración es un taco de folios al que solo hay que darle formato periodístico, nunca podrá venderse como una investigación, sino como periodismo de dossier”, concluye. 

La ética de las finanzas absorbe la deontología periodística

David Jiménez lo tiene claro: “España es uno de los países “desarrollados” que ha vivido un mayor deterioro de la libertad de prensa”. Después de muchos años de corresponsalía, el antaño reportero de guerra aceptó el cargo de director del periódico a finales de 2015, y ocupó el despacho hasta mayo de 2016. Así lo explica en su libro “El Director” (2019), donde los entresijos internos de la redacción y los tejemanejes constantes de las élites por controlar el flujo de información están a la orden del día. Tras su destitución, David se convirtió en el primer director de periódico del país que se acogía a la cláusula de conciencia de la Constitución. Las manipulaciones y las presiones a las que se vio sometido, sin embargo, las viven muchos periodistas. El 33% de los contratados y el 44% de los autónomos encuestados por la Asociación de Prensa de Madrid (APM) señalan los intereses particulares de las empresas para las que trabajan como la causa primordial de las presiones.

La pérdida de la independencia se posiciona como la razón principal y, a su vez, como la consecuencia primera. Un pez que se muerde la cola. Y va a más. Según el periodista y escritor polaco Ryszard Kapuściński, “los buscadores de la verdad de antaño, a menudo idealistas, han sido sustituidos en las cimas del poder del mundo mediático por hombres de negocios que en muchos casos nada tienen que ver con el periodismo”. Javier Chicote se hace eco de sus palabras y añade que estos empresarios contratan a “grandes” periodistas para que dirijan los medios informativos en un escalón por debajo de los directivos. De esta manera, –continúa– “estos profesionales del periodismo se convierten en una prolongación de sus amos y señores, que no les consienten desarrollar su labor de acuerdo a la deontología periodística, sino según la ética de las finanzas”. Así, la actualidad queda reducida a un campo de minas, un escenario hostil al periodismo de investigación.

A todo esto, Bru Rovira, que trabajó en La Vanguardia durante 25 años hasta el despido colectivo de 2009, matiza que “en los últimos años ha habido una pelea ideológica en la prensa, no informativa”. Bru sabe de lo que habla. Ha cubierto conflictos y acontecimientos que marcaron el final de la guerra fría y es un gran conocedor de los contextos africanos. Y de la vida, en general. Cuando habla, uno sabe que debe callar y escuchar atentamente. Este veterano recibió en 2002 el Premio de Periodismo Miguel Gil y en 2004, el Ortega y Gasset. “Ahora la dificultad no es la verdad, como en la época de Franco, sino este marco de debate colectivo, en el cual la banalización y el espectáculo distraen sobre los elementos fundamentales”, explica. 

El mito de la independencia editorial: ¿El cuarto poder?

En el ideario liberal clásico, el periodismo constituye “el cuarto poder”. Sin embargo, según Noam Chomsky, en el capitalismo real esto jamás se produce: “Los periódicos, las televisiones y la radio están al servicio de los empresarios y contribuyen directamente a la dominación y al control del pensamiento de la población”. Este politólogo y filósofo judío sostiene que “no son ‘un cuarto poder’, sino parte esencial de un único poder”.

El caso de domesticación de El Mundo es un ejemplo de ello. Después de haber sido asediado durante mucho tiempo, el fuerte cayó. Para conseguirlo, dice David Jiménez, se despidió a cuatro directores (Pedro J. Ramírez, Casimiro García Abadillo, al mismo David Jiménez y a Pedro Cuartango) y a 200 periodistas en el lapso de tres años, entre 2014 y 2017. Todos ellos habían mantenido fricciones con la dirección del grupo editorial. Pedro Cuartango, muy en línea al argumentario de David Jiménez, dijo en una entrevista en El Español que había sido un periodista incómodo, no manejable: “He preferido defender mi independencia como director a mi continuidad y eso tiene un precio”. 

David, por su parte, recuerda como vivió el caso de los papeles de Panamá al frente de El Mundo. Según su relato, cuando descubrieron que el antaño Ministro de Industria, José Manuel Soria, tenía una sociedad en otro paraíso fiscal, el entonces presidente de Unidad Editorial, Antonio Fernández Galiano, se resistió a publicarlo porque guardaba amistad con el político. De todas formas, David publicó la exclusiva que hizo dimitir a Soria. “Tampoco es que uno se alegre de que alguien pierda su trabajo, pero si es un ministro que está implicado en algo turbio, te alegras como si tu equipo hubiera ganado la Champions”, explica David, mientras rememora el ambiente de orgullo que se respiró durante unos días en el periódico. Esta y otras trifulcas terminaron, como en el caso de los otros directores, en su destitución.

David Jiménez,
reportero y exdirector de El Mundo

En este continuo tira y afloja, no todos los periodistas están dispuestos a pagar las consecuencias, lo que se traduce, en muchas ocasiones, en censura. Según la Asociación de Prensa de Madrid (APM), en torno al 60% mantienen que inicialmente se oponen a la presión, pero acaban por ceder. “No podemos exigir la misma integridad y resistencia al poder a un periodista que necesita ese sueldo para llegar a fin de mes que a periodistas que se encuentran en una situación privilegiada y que siguen arrodillándose ante el poder para mantener su estatus”, opina David. 

A la crisis y la precariedad, más periodismo

Bru Rovira es uno de tantos reporteros de internacional que sufrieron en 2009 la reducción de las corresponsalías, dando por terminada una carrera de 25 años en La Vanguardia. “Yo siempre pensé que te despedían porque habías hecho algo que no les había gustado, pero no, te despedían porque en una hoja de excel ponía que salías caro”, explica. La Asociación de Prensa de Madrid refleja, en este sentido, que los profesionales que trabajan en comunicación se sienten, en general, más satisfechos que aquellos que se dedican al periodismo. 

Según la APM, la crisis de la prensa generada por la transformación digital y agravada por la crisis económica provocó, a lo largo de la última década, la salida de más de 12.000 profesionales de todo tipo de los medios. En septiembre de 2019, el número de periodistas parados ascendió a 7.003 profesionales, un 2,6 % más que el año anterior. Se rompía así una racha de descenso del número de parados, que alcanzó su punto cénit en 2013 con 10.560 periodistas en paro registrado. Por otro lado, la mala retribución del trabajo periodístico se posiciona como el principal problema de la profesión.

“Lo que yo hice con 24 años, que cogí la maleta y me fui de corresponsal a Asia, con los gastos totalmente pagados por el periódico, es una posibilidad que ya prácticamente no existe”, declara el exdirector de El Mundo. David recuerda los ERES que se sucedieron en 2016: “Yo llegué al periódico con la promesa de que me iban a dar medios, tiempo y recursos para transformar el periódico y al quinto mes me dijeron que tenía que despedir a un tercio de la plantilla”. Por aquel entonces, el Washington Post vivía también unos años duros para darle la vuelta a la situación, pero su plan de transformación, de inversión y de apuesta periodística a medio plazo, reflotó el buque. 

Este mismo ejemplo usó David para tratar de persuadir a los directivos de que la estrategia correcta para salir de la crisis, no solo ética sino también en cuanto al negocio, era buscar la independencia del medio. “Para salir de la situación de crisis que vivían los medios, había que apostar por más periodismo, pero en España recortaron en periodismo, lo que se tradujo en despidos masivos, precariedad de los freelance y cierre de corresponsalías”, explica. “Eso sí, -objeta- manteniendo los coches de empresa de los directivos, las comilonas y demás excesos”. Cinco años después de su destitución, los periódicos empiezan a buscar modelos de suscripción, pero no tienen la confianza de los lectores. “Hubo falta de visión”, resume David.

La publicidad como moneda de cambio

Que una investigación periodística dé beneficios económicos al medio que la promueve es casi el único motivo que puede hacer prevalecer el género investigativo frente a las represalias del poder, como bien afirma Javier Chicote en su tesis. El alemán Günter Wallraff (con obras como Cabeza de turco o El periodista indeseable) pudo seguir adelante porque vendía muchísimos libros. Pero hay pocos Günter Wallraff. 

Javier Chicote,
periodista de investigación

Si se considera el gran pilar de la industria, la inversión publicitaria, entre el inicio de la crisis económica en 2008 y 2018, cayó el 30%, de 6.517 millones a 4.558 millones de euros, según datos del estudio i2p, de la consultora Media Hotline. Este descenso en los ingresos publicitarios ha perpetuado aún más que el stablishment tenga la sartén por el mango, y los periodistas quedan subyugados a su voluntad. Según la APM, las presiones más frecuentes consisten en pedir insistentemente a periodistas y medios que alteren sus informaciones, aunque en torno al 20 % reconocen que una presión frecuente es amenazar con retirar las campañas de publicidad.

Javier Chicote ha vivido en reiteradas ocasiones los sinsabores de la profesión. «Un periodista de investigación es una figura incómoda tanto para el periódico como para el stablishment», apunta. El periódico se ve obligado, en ocasiones, a prescindir de su principal fuente de ingresos cuando la exclusiva involucra a uno de sus anunciantes, y a costear las demandas y las querellas que se deriven. El periodista del ABC recuerda que el investigar a una empresa española del IBEX35, le costó a su periódico del orden de 200.000 a 300.000 euros. “Quienes pueden hacer periodismo de investigación son aquellos medios que tienen solvencia económica”, subraya Javier, que incide que, sin embargo, los grandes medios buscan no enemistarse con el poder de turno para preservar una situación de privilegio. 

Por otro lado, un medio pequeño no tiene esas rémoras, pero además de su incapacidad para costear un equipo de investigación, es económicamente muy frágil frente a un gigante empresarial. 

Superficialidad y sedentarismo

Bernstein y Woodward salieron incólumes de sus revelaciones porque cumplieron minuciosamente con el dictado de su director, Ben Bradlee, quien les impuso la regla de que cada información estuviera respaldada por tres fuentes distintas, e incluso cuatro en casos muy especiales. Hoy esto suena casi a ciencia-ficción.

Aunque desde finales de la década de los 2000 surgen movimientos de apoyo al slow journalism, que aboga por moderar los ritmos de producción y consumo informativos en contraste con el culto a la inmediatez,  los datos de la APM muestran que, aproximadamente, la mitad de la información que se utiliza procede de fuentes públicas, y la otra mitad, de fuentes exclusivas, con una ligera preponderancia de quienes manifiestar usar más estas últimas. Esto se traduce en una gran homogeneidad de las ofertas informativas a disposición de los ciudadanos.

La ausencia de mentores para los periodistas novatos explica en cierta forma el deficiente tratamiento de las fuentes y la falta de rigor. Los periodistas de largo recorrido son despedidos de las redacciones, por lo que los jóvenes informadores se quedan sin maestros.»Aunque todos hemos sido jóvenes y aprendido sobre la marcha, no se puede dar tanta responsabilidad a periodistas principiantes, mientras se prescinde de los veteranos, cuando la mezcla de unos y otros debe ser el único camino”, escribe Mercedes, periodista y especialista en temas de comunicación, en la revista de la Asociación de la Prensa de Madrid en 2010.

Bru Rovira, reportero especializado en internacional

Las voces de la experiencia periodística hablan de falta de identidad, de trivialización de las noticias y de pérdida de profundidad de mirada. «En este análisis del mundo, tenías tu paraguas ético, un sistema de valores bastante sólidos para analizar aquella debacle, pero ahora no hay nada sólido», explica Bru. Este curtido reportero señala que se han cambiado las jerarquías laborales, tanto en cuanto a la pirámide de reconocimiento como a la escala de lo importante y lo secundario en las informaciones. Bru afirma que antes el periodismo se estructuraba en gente mayor y gente joven, «gente que sabía y gente que aprendía», y que había un sistema de trabajo y debate, porque «la redacción era viva». Bru sonríe al recordar viejos tiempos: «Las redacciones no eran asépticas como ahora: había whisky y se fumaba. Se vivía. Nos gustaba ir a trabajar porque éramos una familia». 

Por otro lado, se muestra  atónito ante las portadas actuales, en las que abundan titulares relacionados con el fútbol. «Antes podías abrir con política nacional o local pero lo más importante era internacional, y la cultura siempre iba antes que el deporte». A Bru le preocupa que haya más periodistas formados en la publicidad que periodistas posicionados en la independencia. «O volvemos a humanizarnos, a ser personas individuales que piensan, razonan y preguntan, o nos vamos al gregarismo total», advierte. El corresponsal sabe que la información pura y simple se olvida: «Que han muerto quince personas en Birmania no le interesa a nadie, se ha de ir más allá y empatizar con el lector». 

Bru recuerda que cuando escribió los artículos sobre el genocidio de Ruanda, pensó que «aquello era durísimo, que no respiraba por ningún sitio». Entonces se vio obligado a escribir como quien crea una sonata musical, con sus adaggio y sus vivato. «También somos escritores», recuerda y, como tal, «debemos despertar emociones y abrir puertas en la cabeza del lector» . 

Una mirada al futuro: La digitalización, un paso hacia adelante

«La filosofía de los negocios, entregada al mercantilismo y a la influencia política, es incompatible con el periodismo de investigación», escribió Javier Chicote en su tesis doctoral, que desarrolló entre 2001 y 2005. Sin embargo, dice, ahora tendría que reescribirla, pues su publicación fue previa a la revolución digital, que ha provocado la aparición de muchos medios digitales, dificultando el control de unas élites acostumbradas a manipular a tres o cuatro grandes concentraciones empresariales. El Confidencial empezó a funcionar con apenas 300.000 euros y a día de hoy tiene 100 periodistas, cuando antes se necesitaban 60 millones de euros para poner un periódico en marcha. Además, añade Javier, la digitalización ha supuesto un salto cualitativo enorme, pues ya no hace falta personarse en algunos sitios. “Antes tenías que ir en persona al registro mercantil, hacer el encargo, pagar unas tasas y esperar a que te citaran para la semana siguiente, o tirar de hemeroteca”, recuerda. 

David Jiménez,
reportero y exdirector de El Mundo

David señala que aunque se cierran puertas al periodismo de investigación, la digitalización ha abierto la veda a nuevos formatos que permiten explorar los temas con profundidad, como libros de reportajes, documentales y podcast. “Lo nuevo es una combinación de las nuevas herramientas con la esencia del mejor periodismo de toda la vida”, asegura. Bru Rovira lleva varios libros de reportajes a sus espaldas, entre los que se encuentran “El mapa de nuestras vidas” (2017), “Solo busco un poco de belleza” (2016) o “Áfricas” (2006). “Trabajar un tema a fondo funciona”, afirma. Y es que el reporterismo literario se erige cada vez más como una salida para el “periodista escritor”.

«Yo quiero pensar que el periodismo a la larga gana», dice David Jiménez. El autor ve la publicación de «El Director» como un gran triunfo del periodismo, pues la directiva no consiguió frenarla a pesar de los escollos iniciales y el litigio posterior, que concluyó finalmente en un acuerdo entre ambas partes tres días antes del juicio. «La verdad de lo que ocurrió ese año se ha impuesto y se va a imponer todavía más cuando el libro sea llevado a la pantalla», argumenta. Además de “El Director” (2019), David nos traslada con sus crónicas a un mundo de paraísos perdidos, guerras improbables y lugares marcados por las luces y las sombras en “El lugar más feliz del mundo” (2017) o “Hijos del monzón” (2007). Para este contador de historias, el periodismo, igual que la literatura, sirve para explicar la condición humana y sus contradicciones: “el periodismo contribuye a descubrir que en todos nosotros hay un lado bueno, pero también hay una frontera interior y al otro lado hay algo más oscuro”. Coincide Bru, que recuerda que la guerra saca lo mejor y lo peor del ser humano. “El periodismo ha de explicar por qué se produce ese mal”, incide David, y puntualiza que “el decantarse por hacer un periodismo al servicio de los lectores o al servicio del poder, no es una cuestión periodística, sino moral”. No andaba errado Kapuściński cuando decía que para ser un buen periodista hay que ser buena persona, a pesar de lo manido de la frase.  

A pesar de las vicisitudes, ninguno de los tres periodistas cambiaría de profesión. “Para mí, el periodismo sigue siendo el mejor oficio del mundo”, concluye Bru. 


Bibliografía

JIMÉNEZ, DAVID

2019: El Director. Madrid, Libros del K.O.

Asociación de la Prensa de Madrid (APM) Informe 2019

CHICOTE LERENA, JAVIER

2006: Los enemigos del periodismo de investigación.

CHICOTE LERENA, JAVIER

2005: El Periodismo de investigación en España. Praxis: causas y efectos de su marginación.

KAPUŚCIŃSKI, RYSZARD

2002: Los cínicos no sirven para este oficio. Sobre el buen periodismo. Barcelona, Anagrama.

BRADLEE, BENJAMIN

2000: La vida un periodista. Madrid, Ediciones El País.

Gabriel García Márquez (1996, octubre 20): “El mejor oficio del mundo”. El País. Sección Tribuna. (24.10.2018).

WOODWARD, BOB y BERNSTEIN, CARL

1974: El Escándalo Watergate (All the President’s Men). Barcelona, Euros.

4 Comentarios

  1. Me ha encantado este artículo. ¡Es tan real! No he podido parar de leerlo y exaltarme de las verdades que cuentas y que son bastante claras, aunque no todo el mundo parezca verla. Ojalá y vuelva ese periodismo ético que ahora tanto se necesita y que solo se vislumbra a medias. ¡Magnífico trabajo!

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    1. ¡Me alegra muchísimo leer eso! Si te interesa el periodismo, te recomiendo mucho que leas El Director, de David Jiménez. David fue director de El Mundo y tuvo que enfrentarse a todos los tejemanejes políticos vinculados a la profesión. En su libro lo explica muy bien. A mí me apasiona y ojalá haya conseguido transmitirlo en el reportaje. Muchas gracias por tu comentario 🙂 Ojalá vuelva el buen periodismo algún día, pero no hay que olvidar que a pesar de toda la idiosincrasia, aún quedan buenos periodistas. Un abrazo fuerte.

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