No culpes a la herramienta de tus carencias

Creo en la meritocracia como vía utópica para un mundo mejor. En España, sin embargo, la democratización de la mediocridad es una realidad con la que se encuentran los jóvenes y veteranos profesionales. Joan Cañete, subdirector de El Periódico de Catalunya, me decía en un correo que apure Nueva York hasta la última gota, porque aquí la meritocracia aún funciona, al menos de forma relativa. 

Y aplico su consejo. Con tristeza, porque quiero volver a casa. No quiero quedarme en este país, que aunque impresiona por la abundancia de rascacielos y pantallas brillantes de colores, mucho tiene que envidiar a nuestro patrimonio cultural -y nuestra gastronomía-. No sabemos lo que tenemos en casa. Pero el complejo de inferioridad de los españoles es otra historia. Vine a estudiar en busca de una oportunidad. Una oportunidad que mi país no me ofrece. Más me valdría ser una tonta sin ambición, porque entonces seguro que el golpe de suerte llegaría.

“La profesión (el periodismo) está como está”, “Es ingrato, porque se te acumularán correos y llamadas sin contestar, pero intenta proponer temas concretos”, “Ya no aceptamos colaboradores”… El otro día leía un artículo de David Jiménez en el que decía que “Los mejores reporteros y sus historias rara vez van ya a portada, salvo cuando los secuestran o matan”. Albert Molins, jefe de sección de La Vanguardia, me explicaba, en tono sarcástico, que “hemos descubierto que se puede hacer periodismo desde casa”. Parece una broma de mal gusto. Porque yo sigo pensando que es la profesión más bonita del mundo. Si nos dejaran ejercerla, claro está.

Las oportunidades para los periodistas jóvenes son menores. Meter la patita en un medio ya es complicado, pero después todo va rodado, dicen. A mí me cuesta creerlo. Me da la sensación de que después de toda la ilusión y el tiempo invertido, voy a parar a un vertedero. Menos corresponsalías, menos cobertura internacional, teletrabajo, falta de mentores e idiotas a tutiplén. Lo peor no es la falta de medios, ni la precariedad. Lo peor es la indiferencia. 

Cuando conocí a mi pareja, me dijo que no le gustaban los periodistas. Yo me enzarzé en una discusión defendiendo el sentido de la profesión, como si una estudiante sin prácticas, solo por su fe ciega en el buen periodismo, ya pertenciera a ese colectivo, como si hubieran atacado mi propia integridad. Es un pensar generalizado, el suyo. “Los periodistas mienten”, “están comprados por partidos políticos”, “no me creo nada de lo que salga en la prensa”…Y aún así, los medios de prensa justifican el malogro de la profesión con la pérdida de ingresos por publicidad, con el cambio de modelo que ha supuesto la irrupción de internet. 

Los idealistas que se lanzaron a descubrir el mundo se cuentan ahora a cuentagotas. Y las generaciones futuras de periodistas, mi generación, paga el pato. Al menos los que tienen algún interés, que os lo puedo asegurar, cada vez son menos. Una compañera de facultad preguntó hace unos días a la universidad si no se habían planteado ofrecer un grado de Publicidad y Periodismo. Como mezclar aceite y vinagre. Como ponerle piña a la pizza. 

¿Pero quién la puede culpar? El grado de Periodismo y Comunicación Corporativa —que no es lo mismo que publicidad, pero casi— de Blanquerna, ha tenido un gran éxito. Los jóvenes ven en la comunicación en las empresas una salida segura, mientras que los cimientos que sustentaban el periodismo viejo, el que alumbró verdades que conmovieron al mundo, caen.

Y no es por la llegada de internet, señores. Hace unos años leí un libro que se titulaba “No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas”. No recuerdo ni el argumento de la novela, pero la frase me hizo gracia. En este caso, tal vez sería más preciso decir “No culpes a la herramienta de tus carencias”.

No se mientan a ustedes mismos. Ustedes han hecho esto, y a nosotros nos va a tocar arreglarlo. Mi duda es si habrá alguien dispuesto. Porque a todos aquellos que menosprecian el trabajo de los periodistas, a todos aquellos que no responden los correos de jóvenes talentosos con ganas de trabajar, a todos aquellos que optan por la opción fácil, a ustedes debería preocuparles si en unas décadas quedarán periodistas que ignorar.

Creo en el poder de las palabras. Ojalá alguien oiga estas.

2 Comentarios

  1. Grandioso como siempre, querida. No podría estar más de acuerdo con tus palabras. Un placer leerte, como siempre. 😘

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    1. ¡Me llena de ilusión tu comentario, Toriiak! Te envío un abrazo ❤️

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