Sobre Pasternak, Salinger, pantorrillas y la fórmula milagrosa para llegar a la Luna

Cuando nos estábamos conociendo, le pregunté a Quim cuáles eran sus libros preferidos. Él me citó dos: Doctor Jivago y El guardián entre el centeno. Por aquel entonces —y lo digo así porque parece que ha pasado una eternidad, aunque apenas hace un año—, yo sabía lo mismo de Boris Pasternak y de J. D. Salinger que de patologías de pie y tobillo.